SUERTE.

A veces me pongo a pensar en las cosas malas que pasan en el mundo. Los niños que se mueren de hambre o por cualquier enfermedad que aquí se cura en dos días por el simple hecho de no tener alimentos o no tenerlos en las condiciones adecuadas o por la falta de medicamentos. Pensándolo, no tienen ni ibuprofeno. Yo, que lo tengo como algo normal, que siempre que me duele un poquito la cabeza o la tripa me tomo uno y solucionado. Pues bien, ellos no pueden hacer eso, no tienen la gran suerte.
Entonces, cuando me pego la vida hablando de mis problemas de adolescente (este no me quiere, esta no me habla.. bla bla bla) me siento como una maldita egoísta, al centrarme tanto en mi, en tonterías que, aunque a mi me parecen un mundo, en realidad son tonterías. Me siento muy mal cuando pienso que ellos por no tener, no tienen ni adolescencia. Por obligación pasan, de la niñez a ser unos adultos de 13 años. Que tienen que hacerse cargo de sus familias y trabajar para poder comer.
En esos momentos es en los que me doy cuenta de la suerte que tengo por vivir donde vivo y por ser quien soy, independientemente de que este no me quiera o esta no me hable.


Patricia.

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