La felicidad está hecha de momentos. Momentos en los que vemos la luz, en los que nos creemos imparables. Momentos en los que nos sentimos los reyes, en los que creemos que nada ni nadie nos puede joder. Momentos que son como oasis en un desierto, esporádicos, cortos pero fundamentales, imprescindibles. Y si no, ¿para qué coño vivimos si no es por y para esos momentos? Los necesitamos, nos dan la vida. Y es que esos momentos son como un chute de coca, te provocan un momento de éxtasis pero después llega el bajón, el momento en el que te preguntas por qué no puedes mantener esos momentos de manera indefinida. La felicidad indefinida no existe, es imposible estar feliz de manera continua, pero créeme, por uno solo de esos momentos vale la pena vivir.

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