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Hay momentos en los que el negro lo cubre todo. Se introduce en nuestras entrañas y nos oprime cual pelotitas antiestrés, dejándonos sin respiración, dejándonos sin esencia. En esos momentos, la única forma de liberar esa rabia, esa inquietud de nuestra alma, por lo menos en mi caso, uno de tantos, es llorando. Llorar. Simplemente. Eliminar todos nuestros fantásmas por los ojos, intentar evitar que vuelvan a por lo poco que nos queda en nuestro interior, la limitada parte de nosotros que todavía luce con luz propia, que todavía no ha sufrido la contaminación.

Ese "todo" negro no es fácil de eliminar; requiere tiempo, dedicación, esmero y paciencia. Cuatro elementos, que, en muchas personas, destacan por su ausencia. Si juntas todos estos elementos, puede que un día, si eres una persona afortunada, consigas volver a ver el arcoiris. Consigas eliminar esa venda de tus ojos, consigas volver a regenerar esas partes de tu alma putrefactas y vuelvas a brillar con luz propia.

Y cuando hayas llegado ahí, cuando sepas que por fin te has deshecho del MIEDO que te condenaba, lo único que podrás sentir es libertad. Una libertad efímera y dolorosamente deliciosa. Pero sí, será efímera, como todo en esta vida. 

Un día volveras a sentir esa opresión en el pecho, seguramente por causas diferentes. Pero el sentimiento será el mismo. La necesidad de evasión también. Y el modo de salir indemne del asunto, si es que se puede, es el explicado anteriormente.

Releyendo lo escrito anteriormente me he dado cuenta que tampoco muestro mis ideas con la suficiente claridad, que no soy capaz de transmitir los pensamientos que me rondan de la forma que más me gustaría, pero que, sin duda alguna, estoy poniendo el esmero, la paciencia y la dedicación para quitarme la venda del miedo que actualmente me oprime. El tiempo viene solo, y pasa, queramos o no.
 

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