...Soltar en una carcajada todo el aire y después respirar...

María.

Tengo mucho miedo de todo. Miedo de lo que tenga que pasar, miedo de lo que será de mí. También miedo del presente, miedo del hecho de que esa independencia tan grande que tenía está desapareciendo. Estoy empezando a depender de otra persona que puede hacer conmigo lo que quiera, entre lo que se encuentra hacerme sufrir, y yo no sé si estoy preparada para que otra persona pueda controlar mis sentimientos. Ahora mismo lo que más me apetece es huir, alejarme de todo y recuperar mi independencia. Pero sé que no puedo hacer eso, que es un error enorme y que me arrepentiría durante mucho tiempo. Así que lo único que puedo hacer por ahora es luchar contra esas ganas de alejarme de todo y de todos, de aislarme.
También tengo miedo del futuro, del año que viene, de dentro de unos meses. Tengo miedo de la soledad que este cambio va a traer consigo. La soledad y la angustia que sentiré los primeros días. Inevitable, por otra parte; necesaria de todas las formas posibles, pero aún así, temida. Además, está el miedo de no dar la talla, de no poder actuar tal y como se espera de mi, de no llegar.

Leer conversaciones antiguas y pensar "¿que nos paso?"

 - ¿Qué te pasa?
- Que le necesito...
- ¿Y qué pasa por eso?
- Que yo nunca había necesitado nada ni a nadie...

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No sé como empezar a escribir esto. Tengo un montón de ideas en mi mente, que aparecen y desaparecen rápidamente, pero no encuentro la manera de hilarlas todas, de conseguir que tengan algo de sentido. La verdad es que tampoco sé que decir. Sólo sé que necesito un desahogo, transmitir lo que yo pienso; cosa que, por otra parte, es una tontería, tampoco tengo nada importante que decir, nada que a alguien le pueda importar. Pero, de todas maneras, eso no me impide escribirlo.

Me siento perdida, arrojada a un mundo del que yo no he elegido nada. No me siento dueña de mi vida, siento que dependo de algo, de alguien, llámese "destino"- en el que, por otra parte, no creo- que dirige mi vida, mi camino hacia la muerte.
Porque, en definitiva, eso es la vida, la preparación para la muerte, un camino que nos lleva inevitablemente a la muerte. El concepto de vida es fácil de definir, pero, ¿qué es la muerte? No se como definirla, si como una etapa, un estado, un fin... Lo que si que sé, es que me da mucho miedo morirme; como a todo el mundo, creo. Aprender a morir yo creo que es el aprendizaje más importante que cualquiera puede adquirir en vida.

Tampoco sé que expresar con esto. Quizás mostrar la pobreza de mis pensamientos, la ingenuidad o la falta de madurez. No he dicho nada, pero he dicho todo lo que puedo decir por ahora.

Puede que sea por mi forma de ser, eso de no tomarme las cosas en serio, de no enfadarme nunca, eso de que me resbale completamente el hecho de que varias personas hablen, inventen o agranden cosas que yo haya hecho, por el simple hecho de que esas personas me importen una puta mierda, eso de que la importancia que se le da a determinados temas no es la misma que le doy yo. Pero puede que dentro de mi forma de ser este cambiando algo ahora mismo, porque la gente siempre ha hablado y siempre hablará, y tiene todo el derecho del mundo a hacerlo al igual que yo - y esto estoy empezando a comprenderlo ahora - tengo también todo el derecho del mundo a cerrar las bocas que me la gana, porque como dice el refrán: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Y eso sí, al igual que digo que por esa gente nunca intentaría cambiar nada, digo que por otra tanta si lo haría, siempre y cuando mi situación empiece a afectar a personas que me importan de verdad. Y puede que sea ahora, puede que sea el momento de cambiar, porque últimamente mis actos son un reflejo de todo lo contrario a lo que pienso, porque en estos días no estoy demostrando lo que siento, es más estoy haciendo todo lo contrario, y no, este no es el camino, este es el atajo que lleva al destino equivocado. Y si el destino no eres tú, tengo que abandonar esta especie de atajo ya mismo, empezar otro camino, con el único propósito de dejar de ser una cobarde. 





Echo la vista atrás y no sé qué fue lo primero que me gustó de él. No sé si su forma de vacilarme o la de halagarme. Yo creo que fue esa indiferencia que me obligaba a estar siempre pendiente de él, porque era la única forma de que me hiciera algo de caso. Quizás su seguridad en sí mismo, la seguridad que me transmite a mí. La verdad es que no lo sé, de lo único que estoy totalmente segura es de que es perfecto para mí.

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Nostalgia. Esa es la palabra que primero aparece en mi mente, sentimiento que me llega en oleadas cuando voy allí. Pienso en cómo han cambiado las cosas desde entonces, en cómo todo lo que antes daba por hecho ahora se ve muy cuestionado. Como los que te querían, ahora ni se dignan a saludarte, como los que estaban contigo todos días ya no pueden hacerlo.
Y me da mucha pena, pena que se junta con rabia. Rabia por no poder cambiar lo que me arrebataron hace muchos años, once ya casi, por no poder cambiar lo que sucedio, por no poder arreglar todo.
Tampoco pido tanto, pido lo que cualquier persona necesita, lo básico. No sé, quizá soy muy ingenua, quizá muy idealista, pero esto que está pasando me está matando por dentro.