No pretendo que nadie me escuche, ni que nadie me ayude, ni si quiera pretendo que nadie me entienda, me bastaría con entenderme yo misma, con saber explicar con palabras esta desazón que por dentro no me deja tranquila, que me inquieta y que aunque periódicamente me abandona siempre vuelve para recordarme que no he hecho nada por remediarla y que por lo tanto soy la culpable de todo, la culpable de una culpa a la que hoy por hoy no le encuentro ninguna solución.
Elena.

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