Lo que no sobra nunca siempre es el tiempo.
Impresionante el tiempo, la velocidad de nuestras
vidas. Me refiero a que rápido cambiamos de idea y a la facilidad con la
que nos pegamos a personas, manías, sentimientos, etc. Hoy amamos mañana
odiamos, pasado no arrepentimos y a veces llegamos a un punto de
arrepentimiento, en el que pedimos que todo vuelva a ser como era antes. En
fin, nos damos cuenta de que somos bastante efímeros y superficiales,
pero, en ese momento es cuando queremos cambios, en general son buenos, pero me
he dado cuenta que en este momento es cuando la gente se equivoca demasiado y
acaba fastidiándose. El secreto de los cambios está en que tienen que
ser lentos, tenemos que estar atentos, a veces tenemos que ser hasta un poco
“detallista”, porque al fin y al cabo, la dirección es mucho más importante que
la velocidad. “Cuando no sabes a donde ir, ningún viento es favorable”.

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