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Todos días en la tele o por la calle vemos la debilidad y el dolor humano. Todas aquellas personas que no tienen ni para comer u otras tantas que por no tener, no tienen ni salud. Gente enferma a la que no le dan ni dos meses, gente tan débil que ni siquiera puede mover una mano. Pese a todo aquello, muchas de esas personas, dentro de lo que cabe, son felices.
Entonces, yo me pregunto, ¿Quién es el gilipollas que teniendo comida y salud es infeliz?¿Quién es el desgraciado que no valora la vida, que se atreve a sentirse incomprendido e infeliz? Y la respuesta es bien sencilla: yo misma.
Yo misma en muchas ocasiones me siento triste, me siento mal. Pero enseguida pienso en que no tengo derecho a ello. Que lo que debo hacer es recomponerme, pensar en todo aquello que tengo en vez de pensar en lo que me falta, y seguir adelante.
Ser feliz por lo que soy y por lo que tengo, eso es lo que debo hacer. Porque sufrir sufrimos todos, pero mi sufrimiento es mínimo comparado con el de todas aquellas personas a las que la vida, por una razón o por otra, se les escapa.